Cuestión de sentimientos
Para ser sinceros tenía pensado algo totalmente diferente para la tercera entrada del blog, pero ayer por la noche , caminando a casa escuchando el sonido de la lluvia, debajo de un paraguas con unas enormes orejas de Mickye ( cosas de mis amigas de Jersey) , me puse a pensar en sentimientos.
Creo que una de las mejores y a la vez de las peores cosas que ocurren cuando te vas sólo a otra parte, lejos de tu familia y de tus amigos, es un cúmulo de sentimientos que varían de un segundo a otro como si del color de un semáforo se tratara.
En Jersey he aprendido y aún aprendo cada día lo fuertes e intensos que pueden llegar a ser los sentimientos. Una de las primeras frases que una chica española me dijo al llegar fue: "esto es como Gran hermano, aquí todo se magnifica"... Y qué razón tenía.
Pienso que a veces las personas ocultan sus sentimientos por miedo al rechazo de la gente, al qué dirán... Aquí eso no importa porque hay momentos en los que las ganas de llorar son tan fuentes que lo haces y punto....total,¿qué más da lo que piense esta gente que no me conoce de nada?
Cuando estás "solo" aprendes a conocerte, a conocer tus sentimientos, a no ocultarlos, a conocer tus puntos débiles y tus puntos fuertes.
La de veces que habré dicho durante estos 10 meses: "si mi madre me viera llorar " pero es que es así, aquí aprendes que llorar no es malo ni te hace más débil, sino que es una de las máximas expresiones de sentimientos.
A llorar porque estas triste por no poder estar en los cumpleaños, llorar porque echas de menos, llorar porque fallece alguien y no estás al lado de tus seres queridos en esos momentos, llorar porque necesitas un abrazo, porque añoras el olor de tu casa o una buena tarde de cervezas y palomitas con tu gente.
Por otro lado, en Jersey he aprendido a valorar , a priorizar y a ser fuerte y decidir que si vas, vas con todo y si no, no vas con nada. Que hay que arriesgar y luchar por aquello que quieres. A darle sentido e importancia a aquello que lo tiene y lo que no, se aparta.
A valorar y a querer más a las personas que se preocupan por ti. A que cuando necesitas a alguien lo necesitas y que pedir ayuda no es malo y no te hace más indefenso.
También he vivido decepciones, el dolor que provoca darte cuenta cómo personas que creías que eran de una forma no lo son. He aprendido cómo la gente puede tener doble cara, gente por la que tú lo hubieras dado todo y en la que confiabas al 100%. Y duele, creedme que duele, pero en ese momento es cuando de nuevo vuelves a pensar que lo que no merece la pena se aparta y das un paso más allá para descubrir quién eres.
Por el contrario, y bendita mi suerte, he aprendido que es verdad la frase de los amigos son la familia que se elige. Me he dado cuenta cómo personas que hace un año ni conocías se vuelven tu familia. Personas que sin conocerte de nada te ofrecen su amistad y su cariño, personas que te quieren tal y cómo eres. Personas que sólo tienen palabras de cariño hacia ti, que te abrazan en los días en los que echas de menos España, porque otros días serán ellos los que necesiten ser abrazados, personas que te compran un muffin el peor día de tu vida en Jersey y te hacen el día un poco más feliz. Personas que te llaman para contarte sus problemas y personas con las que puedes contar no sólo para lo bueno, sino también para lo malo.
Personas con las que te abres para contar cosas que pensaste que jamás contarías, precisamente por lo que decía antes, por dar imagen de duro, por miedo a que te juzguen o por el qué dirán.
Personas que también te dicen: "No Soraya, estás equivocada" . Y esa es la clase de gente que me gusta, la gente que va de frente.
También he aprendido a valorar y disfrutar de esos momentos en los que te duele la barriga de reír, reír de la más mínima tontería, reír y olvidarte de todo lo de alrededor.
A que decir te quiero, te echo de menos o te necesito no es malo y es completamente necesario.
A valorar las pequeñas cosas, los detalles y a sacar lo positivo dentro de lo negativo, y a que todos los días, incluso los muy malos, lluviosos en los que se te rompe el paraguas, te mojas y se te encrespa el pelo, llegas a casa hecha una sopa y al día siguiente tienes un resfriado de muerte, tienen algo bueno.
A que si tienes un objetivo hay que luchar por ello, porque conseguirlo será bonito, pero más bonitas son las cosas que van pasando durante el camino hasta legar a ello.
A mostrarte tal y cómo eres y a que no le puedes gustar y agradar a todo el mundo. A no conformarte y a luchar por lo que mereces, sabiendo lo mucho que vales.
Comentarios
Publicar un comentario